Autorretrato en planos fijos

La primera exposición que yo vi con plena consciencia, abiertos todos los poros sensibles, fue una gran retrospectiva de Alberto García-Alix en el Museo Reina Sofía a finales del año 2008. Desde entonces he visto muy pocas fotografías suyas, la mayor parte dispersas en exposiciones colectivas. En el Círculo de Bellas Artes de Madrid se exhibe hasta finales de este mes una importante muestra de su obra, que se sirve del autorretrato como tema central. Pocas de las fotografías expuestas serán nuevas para aquellos que conocen bien la obra de García-Alix, pero ello no debería suponer ninguna decepción. Es saludable revisitar la obra de los artistas hacia quienes sentimos una admiración basada en recuerdos lejanos.

El recuerdo de entonces y la visión renovada de ahora me llevan a pensar en García-Alix como un ejemplo, hoy raro, de artista romántico. Lo digo no tanto por un carácter callejero y espontáneo, ya que en muchas ocasiones sus fotografías son de amigos y las composiciones están muy bien elaboradas, sino por retratar un mundo paralelo al que, quizá anticuadamente, aún llamamos burgués. Al modo de las prostitutas de Degas y los miserables del Picasso azul, las escenas de García-Alix se desarrollan en un espacio que la mayoría de nosotros conocemos solamente de oídas. Quizá no sorprendentemente, las fotos que más me impresionaron hace unos años fueron las referidas a la heroína: jeringas y cucharas, venas hinchadas y agujas, autorretratos del propio García-Alix en el momento de la inyección. Veo alguna de esas imágenes de nuevo y me provocan, igual que entonces, fascinación y rechazo.

García-Alix no es el bohemio de postín que retrata ese mundo marginal como un acto de pintoresquismo o provocación de salón: retrata un mundo que es, o lo fue durante muchos años, el suyo propio. No es alguien que pasaba casualmente por allí. No sorprendentemente, los autorretratos son una faceta importante de su producción. En la exposición del Círculo de Bellas Artes he creído intuir cierto carácter narcisista que anteriormente, por admiración, no había reconocido. Quizá no sea justa esa apreciación. En alguna entrevista he escuchado a García-Alix hablar de que el autorretrato es la mejor forma de aprender el oficio de fotógrafo: ciertamente, el mejor modelo que existe, el que está siempre disponible, es uno mismo.

Los autorretratos implícitos, aquellos en los que no aparece en persona, son los que más cosas me dicen de García-Alix. Resulta muy sugestivo, por ejemplo, un austero bodegón que es una alegoría de su infancia. Igualmente elocuentes, si bien no por su lirismo, son las habitaciones de hotel, que aparecen no pocas veces en su obra. Si un autorretrato pretende atrapar un estado de conciencia, un pasaje vital, entonces estos cuartos lúgubres son muestra de noches de insomnio y luz mortecina, de soledad momentáneamente soslayada por el pequeño televisor que cuelga de la pared, la pantalla proyectando una triste película pornográfica. Sabemos que existen los mundos sórdidos de García-Alix porque esporádicamente aparecen en la televisión o en el cine. A pesar de ello, sus fotografías nos impresionan porque son imágenes de primera mano. No son, desde luego, invenciones de un guionista, pero tampoco documentalismo. García-Alix lleva a cabo un estudio que es tan rigurosamente verídico como subjetivo.

Sus fotos sacian nuestra curiosidad. Sobre las paredes cuelgan fragmentos de esos mundos de los que, como mucho, conocemos el umbral, vislumbrado de refilón con fascinado rechazo. Yo acelero el paso cuando paseo solo por algunas de las calles cercanas a la Gran Vía que García-Alix describe en sus textos. Acelero el paso al ver las mujeres, mayores, jóvenes, travestidos, apoyadas en las paredes, charlando o de pie, mostrándose impúdicamente como mercancía. Camino cabizbajo, temeroso de escuchar una invitación, una mezcla de temor y vergüenza. En el caso de García-Alix, la sobriedad de sus imágenes se corresponde con la de su escritura: “«¿Qué me llevas?» le pregunto. «Tres mil, y la cama son mil más.» En segundos, mientras intento pensar, y no pienso, si me interesa esperar a ver otra, me promete: «Sin prisas, lo pasaremos bien…». Y me oigo decir: «Vamos»”.

542FABRICA- 173,
Alberto García-Alix, Autorretrato chutándome, 1984.

Debido a un condicionante del que no sé si algún día conseguiré desprenderme, a veces soy capaz de apreciar ternura en las fotos de García-Alix, pero nunca alegría. Veo desfilar los retratos de juventud, de las chupas de cuero y las motos, y me es imposible imaginar un hilo musical de rock ‘n’ roll. Porque sé de la muerte prematura que aguardaba a muchos de sus protagonistas, pienso que a estas fotografías les va mejor el acordeón algo melancólico con el que el propio García-Alix las acompaña en su vídeo De donde no se vuelve. Casi seis años después de haberlo visto por primera vez en aquella exposición del Reina Sofía, el lacónico, a veces brutal, lirismo de esta obra permanece intacto. A lo largo de cuarenta minutos se suceden las fotografías de toda una vida, narrada por la voz ronca del propio García-Alix en un tono de confesión arrepentida. El vídeo es un autorretrato en planos fijos, entre los que se intercalan unas tomas de vídeo borrosas, como aletargadas, narcotizadas.

“He aprendido con la cámara a observar como nunca lo había hecho”, dijo García-Alix al recoger el Premio Nacional de Fotografía en 1999. En las manos adecuadas, el ojo único del objetivo es capaz de ver más que los dos de la cara. La mirada se estrecha y se hace más precisa. Reducido el campo de visión, el fotógrafo concentra la realidad y allí, en esa imagen fija, sin filtros, vemos cómo fuimos, sin capacidad de rectificación. Vistas con distancia, sin el fervor de la heroína en el torrente sanguíneo, las escenas de adicción se reducen a su mínima expresión: una agresión.

Alberto García-Alix. Autorretrato. Círculo de Bellas Artes. Calle Alcalá 92, Madrid. Hasta el 28 de septiembre. Alberto García-Alix, Moriremos mirando. Textos completos. La Fábrica Editorial. Madrid, 2008.

In English

Anuncios

1 comentario en “Autorretrato en planos fijos”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s