Contrapunto plástico

La única escultura abiertamente figurativa que hay en la exposición de la galería Elvira González es muy pequeña y hace falta acercarse mucho para ver el gesto que porta ese hombrecillo sentado. Aunque no lo indique el título, tiene toda la pinta de un Ecce Homo, un tema aprovechado a lo largo de la historia del arte para mostrar el rostro más humano de Jesucristo. En el caso de esta pequeña figura en yeso de Fausto Melotti (Rovereto, 1901 – Milán, 1986), la actitud que se desprende es de un resignado y triste reposo. Seguramente imbuido del espíritu del “retorno al orden” propio del arte del periodo de entreguerras, esta escultura de 1933 es de un clasicismo ni robusto ni declamatorio, sino sereno. Nada más llegado a la exposición, uno advierte que poco tiene que ver, aparentemente, esta obra con todas las que la rodean. Pero si uno la vuelve a mirar al final de la visita, verá en ella un preludio lógico a la obra posterior.

En años siguientes Melotti se acercó a la otra gran corriente del arte europeo de entreguerras, esa que podemos llamar, a grandes rasgos, “constructiva”. Las obras de los años 40 que se exponen aquí están próximas a la abstracción geométrica, si bien el soporte de las mismas, la arcilla, se resiste a la estricta sobriedad de, por ejemplo, Mondrian. Como sostiene Valeriano Bozal en el catálogo, la sensibilidad de Melotti está en sintonía con artistas poco dados al exabrupto, como Miró o Klee. En la selección de los materiales de su obra madura, y en la propia utilización de los mismos, se revela hasta qué punto esto es así.

Quizá fue el ejercicio de la cerámica lo que llevó a Melotti en su madurez a producir unas esculturas que dejan a la vista los materiales en su estado puro. En sus vasos cerámicos expuestos aquí hay huellas del trabajo manual y el esmalte ha sido aplicado con lo que parece una suerte de dripping, dejando que sea el propio material, chorreando sobre la superficie, el que determine la coloración de la pieza. A partir de los años 60 el material con mayor presencia en las esculturas de Melotti fue el latón, que adopta formas de lo más variadas, tal y como atestiguan tres piezas magistrales reunidas en la primera sala de la exposición. Observando La cometa, de 1964, es quizá cuando uno empieza a comprender de veras la delicada sensibilidad de Melotti. No hay más que unos cuantos elementos soldados: una mano sostiene con dos dedos una varilla vertical rematada por una forma estrellada de la que, a su vez, salen disparados tres destellos en forma de espiral que simulan las cintas que se pegan al cuerpo de las cometas. La escultura parece sacada de un cuento infantil, y en ella se pueden leer las dos acepciones de la palabra “cometa”: la de objeto lúdico y la de estrella fugaz.

Il balletto también es del año 64. Aquí hay ocho varillas dispuestas en dos filas de cuatro y en diferentes grados de inclinación, rematadas por planchas semicirculares, a excepción de una, más brillante, en forma de luna menguante. Esta varilla es la más larga, de modo que la pieza en forma de luna destaca sobre el resto como una bailarina que salta con los brazos en forma de arco. La sensación de ingravidez que se desprende de ella se acentúa en El águila (1966), quizá la más compleja de las obras de este periodo. Aquí, Melotti utiliza el latón pero también el caucho y el yeso para dar forma a una pequeña escena en la que un águila inicia un vuelo impetuoso, dejando atrás un pequeño nido. Difícilmente con más medios se conseguiría una imagen más elocuente y veraz.

En obras como Il balletto se intuye una de las grandes pasiones de Melotti, la música. Las referencias a ella se vuelven más explícitas según se avanza en la exposición. Pianista consumado, Melotti  trató de trasladar las leyes de la música a la escultura en un friso formado por piezas de hierro ensambladas titulado Arte del contrapunto plástico. En el centro de su producción se encuentra también el poso dejado por la literatura. Además de un dibujo titulado Edipo, hay un ambicioso conjunto escultórico –una de las mejores piezas de la muestra– a modo de homenaje. Se titula Da Shakespeare (1977) y está formado por pequeñas planchas de latón a distintas alturas, sobre las que reposan figuras hechas con varillas muy finas. Como telón de fondo a esta escena inequívocamente teatral, Melotti colocó una gran tela blanca con unas manchas de pintura azul cielo. A pesar de la connotación dramática de esta alegoría de las tragedias de Shakespeare, hay una ingenuidad infantil en la extrema sencillez de las figuras y en el aire improvisado de la tela: las grandes y graves preocupaciones del hombre vistas con la ironía de un niño adulto, un trampantojo que no disimula su propia precariedad. En ninguna obra más que en esta se entienden las afinidades de Melotti con Paul Klee y Joan Miró.

En todas las piezas hay un ritmo que remite a la música. Repasando las obras en el catálogo, me doy cuenta de que, en realidad, la mayoría de ellas son el resultado de una suerte de contrapuntos plásticos o visuales. Si en música se llama “contrapunto” a la combinación armónica de varias voces, Melotti ensambla diversas piezas o materiales que, por sí solos, son banales pero que, en conjunto, conforman una obra de arte. Veo esto resumido en una escultura titulada El baile de la novia, realizada en los últimos años de vida del artista. Sobre una columna grisácea de varillas de latón y rejillas metálicas destaca, de pronto, un ramillete de flores rojas. Uno mira de nuevo el conjunto y se le revela esa novia en movimiento, bella a pesar de la falta de rasgos humanos. Algo separado del conjunto principal, cuelga sobre una varilla una tela con manchas de pintura rosa, acaso una referencia al banquete o la noche nupciales. Un gran artista sabe dotar de elocuencia o belleza a unos materiales que en sí mismos son feos o, en el mejor de los casos, meramente utilitarios. Esta novia está construida con el cariño de un amante, del novio de setenta y ocho años que la observa, embelesado, desde la distancia.

Fausto Melotti. Galería Elvira González. General Castaños 3, Madrid. Hasta el 17 de enero.

In English

1966 03 L'aquila
El águila, 1966. Latón, caucho y yeso pintado, 75 x 31 x 18 cm.

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