Inquietud en sepia

La mayoría de las veces que se escribe un artículo o sale en televisión un programa dedicado a la Transición, se suele decir en algún momento, de una u otra forma, que en aquellos años se pasó de un país en blanco y negro a uno a todo color. Para los que no habíamos nacido, esta es una potente metáfora que nos ayuda a imaginar lo que supuso presenciar en vivo y en directo la llegada de las libertades. Pero reconozco que, a estas alturas, para mí se ha vuelto un lugar común, no sé si a base de repetición o por una secreta envidia de no haber participado en el quizá único momento de genuina fraternidad civil que ha vivido este país. En mi imaginación, además, la imagen acartonada de la España de Franco no se presenta tanto en blanco y negro como en sepia. Las fotografías en sepia tienen un aire antiguo desde el momento en que abandonan el laboratorio fotográfico, como si el proceso químico del revelado hubiera fijado no sólo la imagen, sino una losa de años, que la ha vuelto polvorienta prematuramente.

Las imágenes que más me impresionan de Carmen Calvo (Valencia, 1950) proceden de ese pasado que me es tan remoto y en el que sin embargo vivieron casi todas las personas por las que siento afecto. Empecé a escribir este texto con la palabra “sepia” en mente, omnipresente, pero cuando he entrado en la página web de la artista he comprobado que casi ninguna de las fotografías que utiliza como base para sus collages es de ese tono. Esta semana visité una exposición colectiva de arte español en la galería Fernández-Braso de Madrid, donde lo que más tiempo pasé mirando fueron dos grandes fotografías manipuladas de Carmen Calvo. En mi mente, ambas quedaron fijadas en sepia, pero resulta que son en blanco y negro. Mi recuerdo distorsionado seguramente se deba al hecho de que estas obras despiertan el carácter algo inquietante y opresivo que poseen para mí las fotos en sepia.

Una de las fotografías que hay en la galería Fernández-Braso es de un matrimonio posando torpemente en medio de una calle; él, moreno, con bigote y paticorto, ella, con abanico y mantilla. Además de pintar la pared que tienen detrás de un color pardo amarillento, Carmen Calvo ha colocado una cuerda negra sobre la fotografía. La cuerda, de resonancias eclesiásticas, serpentea y une a ambas figuras, como el sello definitivo de la unión matrimonial. Las personas que me hablan de aquellos años lejanos me hablan mucho de religión, de la omnipresencia del crucifijo de la que habla Félix de Azúa al comienzo de Autobiografía sin vida. Me hablan de la losa de la culpa, de una asfixia moral que podía condicionar la vida doméstica. Miro otra vez la imagen de Carmen Calvo, donde la cuerda rodea ambas cabezas, y de repente revela una macabra similitud con una partida del juego del ahorcado.

No sé hasta qué punto las imágenes de Carmen Calvo son recuerdos propios, pero en muchas de ellas veo cierta saña en su tratamiento de los temas, una saña que parece tener su origen en un encono antiguo. En la siniestra efigie de una monja, por ejemplo, cuya cara ha sido pintada de negro como si llevara un pasamontañas, veo algo más que una pura provocación surrealista. En otra imagen, hay un busto de un hombre joven bien peinado y trajeado –un retrato con que obsequiar a su prometida, quizá– sobre cuyo rostro hay adherida una máscara roja para realizar juegos sadomasoquistas, una particular y brutal Transición del blanco y negro franquista a la colorida libertad sexual de la democracia. Temas amables se vuelven violentos e inquietantes en las obras de Carmen Calvo. En España, ¿qué motivo ha habido más tradicionalmente entrañable que las comuniones de los niños? En La poesía está en otro sitio, se nos muestra a una niña comulgando, vestida de blanco, de rodillas, con un rosario en las manos, pero no vemos su cara porque está tapada por un amasijo de alfileres. Fue la primera obra de Carmen Calvo que vi, y sigue siendo la más turbadora. Erróneamente, la recordaba en sepia. Como si lo fuera.

In English

calvo
La poesía está en otro sitio, 2008. Técnica mixta, collage, fotografía, 100 x 80 cm.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s