Moderna tradición de Pierre Alechinsky

Nunca, que yo recuerde, había visto obras de Pierre Alechinsky (Bruselas, 1927) en directo. Recordaba vagamente su nombre, sobre todo por haber pertenecido al grupo CoBrA en los años cuarenta. Visité la exposición que le está dedicando el Círculo de Bellas Artes sin saber muy bien qué me encontraría. Delante de los cuadros uno debe procurar olvidarse de todo lo que sabe o ha oído, más todavía si se trata de un autor que nunca se ha visto en directo. El contacto cara a cara con las obras es la prueba de fuego. En este caso, no hay más que ver dos o tres de las acuarelas de gran formato de Alechinsky para empezar a asentir con la cabeza. Qué sensación tan gratificante la de reconocer de inmediato a un gran artista.

En el folleto informativo del Círculo de Bellas Artes se nos habla de la importancia que tuvo en el arte de mediados del siglo XX la irrupción del llamado Art Brut ensalzado por Jean Dubuffet. A la fascinación por ello se unió la influencia del surrealismo cuando, disuelto el grupo CoBrA en 1951, Alechinsky se trasladó a París y conoció a André Breton. Art brut, surrealismo, informalismo, todas son etiquetas que cuelgan sobre la figura de Alechinsky, pero, al ver sus cuadros en directo, ninguna se sostiene por mucho tiempo porque, como a todo gran artista, a él cualquier calificativo se le queda pequeño en seguida. Lo que uno aprecia a lo largo de la exposición, que abarca más de cuarenta años de carrera, es una gran coherencia, independientemente de cambios de estilo más o menos visibles.

Expresionismo, gestualidad, azar. Todo esto está presente en la pintura de Alechinsky, pero también mucho control. “Para mí, pintar es el resultado de un gesto donde se mezclan acción y pensamiento”, le dijo recientemente a Estrella de Diego en una entrevista. En muchas ocasiones, Alechinsky pinta marcos en torno a sus figuras, como si no quisiera que la fuerza de las pinceladas y el color fulgurante salieran disparados del lienzo o del papel; por contradictorio que pueda sonar, un cuadro de gran gestualidad incrementa su fuerza cuando se le cercena por los cuatro costados. En este sentido, se me ocurre compararlo con Luis Gordillo, a sus anárquicas y vibrantes formas orgánicas encorsetadas en rígidas cuadrículas. En esta tarea de enmarcar sus figuras, hay obras de Alechinsky que parecen casi heráldicas. Hay un cuadro impresionante en el que aparece representada –en blanco, negro y gris– una figura zoomorfa que parece salida de una pintura mural románica. Está embutida en un grueso marco compuesto por arbitrarias pinceladas azules, rosas, amarillas y verdes, conformando un cuadro de gran potencia plástica.

El encuentro entre el rigor y el azar, entre la inconsciencia y el control racional, asemeja la obra de Alechinsky con la de otro gran pintor, Antonio Saura. Ambos fueron amigos, y donde de pronto vi sus afinidades fue en un retrato de busto de gran formato de Alechinsky. El personaje, anónimo, está desfigurado y tiene tres ojos, al modo de las caprichosas deformaciones que aplicaba Saura en sus “retratos imaginarios”. El color –severo en Saura, vivaz en Alechinsky– no impide ver una fuente de inspiración común. Además del pintor aragonés, en la exposición se nos informa de que Alechinsky siempre ha tenido una estrecha relación con el mundo hispánico: además de sus amistades con artistas españoles, ha colaborado, por ejemplo, con Octavio Paz y Julio Cortázar. Viendo de nuevo el retrato de la figura de tres ojos, no sorprende conocer que tuvo relación con el pintor mexicano Alberto Gironella, que dedicó buena parte de su obra –como Saura– a reinterpretar los retratos de corte de la escuela española, desfigurándolos violentamente con una mezcla de fascinación y rechazo.

No por evidente deja de ser conveniente recordar que cualquier gran artista se confronta con los maestros del pasado tanto o más que con sus contemporáneos. En Alechinsky está el mismo cromatismo de De Kooning pero también el humor de Ensor; lo grotesco de Saura y la severidad del barroco español. Dejada atrás la virulenta época de los manifiestos vanguardistas, hoy podemos afirmar que renegar del pasado no lo hace a uno más moderno sino más ignorante. Bien lo sabe el sabio Alechinsky: su monstruo de tres ojos es la versión colorida de un melancólico Felipe IV de Velázquez.

Alechinsky sobre papel. Círculo de Bellas Artes. Alcalá, 42. Madrid. Hasta el 17 de mayo.

In English

alechinsky

Anuncios

1 comentario en “Moderna tradición de Pierre Alechinsky”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s