Lenguaje de signos

Un buen logotipo no se olvida. Transcurrido un tiempo, puede que uno no sepa evocarlo, que parezca perdido en la memoria, pero en cuanto se ve de nuevo se reconoce de inmediato. El autor de tales signos debe concentrar significado y significante de tal manera que nuestra reacción ante ellos sea instintiva, no racional. Viendo la exposición de Alberto Corazón en la Fundación Telefónica me asombra la cantidad de símbolos cotidianos que le debemos a su casi anónima invención: Fundación Mapfre, ONCE, Paradores, Tesoro Público, Círculo de Bellas Artes, la C de Cercanías…

Alberto Corazón (Madrid, 1942) es seguramente el diseñador español más conocido, aunque yo no supe de su existencia hasta hace unos pocos años, cuando visité una exposición que mostraba su otra faceta, la de artista plástico. Su labor gráfica sin duda bebe de su gran sensibilidad estética, aunque él es tajante a la hora de diferenciar entre ambos oficios: uno responde a un encargo y a criterios de utilidad; el otro es un acto solitario que se alimenta de la memoria. “El diseñador no es un artista, es un profesional”, dice. Cierto, aunque también lo es que no todos los diseñadores merecen exposiciones retrospectivas. La fuerza visual y elocuencia intelectual de muchos de los diseños de Corazón rebasan la mera utilidad práctica.

A diferencia del arte, el diseño gráfico ha de ser capaz de sobrevivir en el mundo real. La complejidad de la pintura, la atención que requiere para ser plenamente apreciada, la hace vulnerable a la agresividad del paisaje urbano, donde la sucesión de estímulos visuales es continua. Desde el lugar donde escribo diviso un fragmento de la Gran Vía de Madrid y soy incapaz de contar todas y cada una de las señales que se disputan mi mirada. En lugares así  la pintura sencillamente moriría aplastada. El diseño, en cambio, por intelectualmente refinado que sea, debe saber amoldarse a esta dureza ambiental; debe ser capaz de hacerse visible entre el barullo, de persistir en la memoria del viandante con prisa. Ambas disciplinas, el diseño y la pintura, miden su eficacia por el tiempo que necesitan ser miradas: si un diseño es bueno, requiere apenas unos segundos; si una pintura es buena, uno puede revisitarla toda su vida.

El buen diseño gráfico, a diferencia de las obras de arte expuestas en los museos, no sufre por el uso. No requiere de cierta aura mágica para sobrevivir, no basa su valor en la unicidad. Precisamente por ser reproducible, por no existir un original, al diseño se le puede aplicar la misma comparación que hacía Octavio Paz entre la pintura y la artesanía, elogiando a ésta por su carácter vivo, táctil. La faceta diseñadora de Alberto Corazón donde mejor se aprecia esta falta de temor del diseño al uso, al manoseo, es en los libros. En la exposición de Telefónica se exhibe un pequeño mosaico formado por ejemplares de la colección Visor de poesía que él diseñó. Algo me dice que Corazón, un diseñador que además pinta y escribe, debe de experimentar un gozo especial al idear cubiertas de libros; la tarea imposible y no por ello menos bella de expresar en una sola imagen la densidad de significados de la buena poesía. La colección de portadas de Corazón excita la vista, pero me acerco un poco más y veo el leve desgaste de las portadas negras, algunas esquinas dobladas. A diferencia de un cuadro, nadie se apresurará en restaurarlo al estado prístino en el que salió de la imprenta: para un diseñador, el desgaste causado por tacto representa un triunfo.

Alberto Corazón dice que el diseño es un oficio en el que es esencial escuchar. Mientras el artista no se compromete más que consigo mismo, el diseñador debe estar atento a las necesidades del cliente. Que uno reciba una buena primera impresión de una empresa, cadena de tiendas o una institución cultural dependerá en gran medida del acierto del diseñador. Lo que éste da a su cliente no es un mero motivo decorativo sino toda una imagen pública, el sello estético con el que se le asociará a partir de entonces, el que debe adherirse a la mente del televidente, del lector de periódicos, del viandante. Sólo ahora descubro cuántos de los símbolos que mi memoria ha registrado y que mi vista reconoce a lo largo de cualquier paseo por Madrid dependen del buen hacer de Alberto Corazón.

Alberto Corazón. Diseño: La energía del pensamiento gráfico. 1965-2015. Espacio Fundación Telefónica. Fuencarral, 3. Madrid. Hasta el 4 de octubre.

In English

corazon
Alberto Corazón en su casa.
Anuncios

1 comentario en “Lenguaje de signos”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s