Mundos de este mundo

No hace falta haber leído El primo Basilio de Eça de Queirós –cosa que ahora me apresuraré a hacer– para intuir en la serie de cuadros homónima de Paula Rego (Lisboa, 1935) una poderosa tensión sexual. Realizadas este mismo año, estas obras presentan las mismas inquietudes que las grandes novelas de adulterio decimonónicas: deseo, culpa, celos. En estos cuadros hechos con pastel el interés está en aquello que está a punto de pasar. En uno de ellos, el protagonista masculino aparece tumbado y acoge en su regazo la cabeza de la protagonista femenina. Lo que maquina su mente lo vemos prefigurado en miniatura a la derecha de la imagen, donde ambos, desnudos, copulan. El carácter de por sí literario de la obra de Paula Rego se vuelve explícito en esta serie, una versión en gran formato de trabajos anteriores como ilustradora de libros.

Además de esta serie literaria, en la exposición se presenta un amplio muestrario de la obra gráfica de la artista. Si resulta fácil compararla con Goya no es sólo por el medio empleado sino porque comparte con él la misma crudeza y la misma libertad, algo, esto último, no tan fácil de alcanzar como se podría creer. Si esto es gran arte es porque es rico en significados, como uno de los grabados donde se produce un cruce entre las iconografías de san Cristóbal y Caronte. El río o laguna que atraviesa dicho personaje aparece reiteradamente en los grabados de Rego, un leitmotiv de incierta interpretación. Los temas, nunca explícitos, proceden del pozo profundo de la experiencia.

La obra de Paula Rego está salpicada de iconografía católica, si bien interpretada de manera muy subjetiva, como en una Lamentación en la que una Virgen con corona de espinas acoge no a un Cristo muerto sino a una enorme figura deforme con aspecto de muñeco. Estas referencias pueden sorprender viniendo de parte de una artista que, a pesar de haber nacido en el Portugal católico de Salazar, creció en el seno de una familia liberal y anglófila y que ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra. Que persistan en su obra como ecos de la infancia esas referencias religiosas demuestra que uno no elige las imágenes que más indeleblemente se agarran a la memoria. Por la forma ambigua en que se presentan estas referencias en su obra, sería fácil despacharlo todo con el calificativo de surrealismo, pero la rotundidad de la línea de esta gran dibujante les imprime un carácter más directo y crudo a sus ensoñaciones que las blandas escenas de duermevela de un Dalí o un Yves Tanguy. Además, no sé hasta qué punto estas vagas referencias católicas se plantean (como en Buñuel, por ejemplo) como un ataque a la Iglesia o meramente como un arbitrario collage de memorias y experiencias de la infancia.

Hay algo de Virgen coronada en la enorme figura femenina titulada Haven (Refugio). En su regazo descansa un diminuto barquito habitado por una figura igualmente diminuta. Es, quizá, un canto a la protección materna que contrasta violentamente con la madre que aparece en Lullaby (Nana). La mujer, imaginamos, canta una nana a la niña recostada sobre su regazo mientras le tapa los ojos para evitar que vea cómo se le aproxima una grotesca figura femenina. La niña tiene las piernas abiertas y la figura que se le acerca presenta en la ingle una cabeza con dientes afilados en vez de sexo. Este personaje terrible aparece reiteradamente en lo que seguramente es la manera que tiene Paula Rego de denunciar la ablación genital femenina. Mientras miro una imagen semejante titulada macabramente Mother Loves You (Mamá te quiere), el ojo se me va al número de serie del grabado. Cuando miro que se imprimieron treinta y cinco ediciones, me pregunto quién puede tolerar tener esto colgado en su casa.

Los mundos de Paula Rego salen de su imaginación, pero encontramos en ellos referencias indiscutibles a la realidad que nos es común a todos. Esos mundos son en realidad el nuestro y así lo reconocemos porque, a pesar de sus deformaciones, dicen verdades. Las verdades de Rego son las de las fábulas, mundos aparentemente paralelos al nuestro que sin embargo sirven para explicarnos la realidad. Ella ve el arte como una manera más tolerable, quizá la única, de enfrentarnos con la crudeza de la vida. La verdad de las mentiras, en palabras de Mario Vargas Llosa.

Paula Rego. El primo Basilio y otras historias. Galería Marlborough. Orfila, 5. Madrid. Hasta el 21 de noviembre.

In English

rego
Guardians, 2009-10.
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